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A los presos, personas privadas de su libertad, les hicieron gracia mis zapatillas. La verdad es que son bastante feas. Nos sentamos en una biblioteca, seríamos unos quince, y estuvimos hablando de procesos creativos, de cómo hacer un libro, una canción, un poema o lo que sea.
Me los gané rápido y la cosa fluyó muy bien. Me enseñaron sus escritos y nos dimos abrazos. Fue bonito.
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