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“No se puede estar aquí. Te va a multar”. ¿Qué? “Va a venir el guardabosques y te va a multar”. Creo que me llamó señor. “Señor, no se puede estar aquí”. Hablaba fuerte, andaba hacia mí y no llevaba uniforme. “¡No puedes estar aquí, no puedes estar aquí!”. Estoy leyendo (y haciendo) un ‘Gotham Writer’s Workshop’ (un curso de escritura) y he pensado que quiero caminar y escribir a diario. Ojalá pueda. Es agosto y fantaseo con un ritual creativo. Algo sin distracciones y sostenido en el tiempo, empezar una práctica y ver qué pasa. “La única regla para que la magia funcione es”. El título del libro del curso es ‘Escribir ficción’. Según voy leyendo me voy flipando y pienso en cosas, como en hacer un cuento. “No suelen extenderse más de quince mil palabras”. Otras veces pienso en lo del videojuego, “solo texto, eh”. También pienso en hacer algo casero y enviarlo por correo. Caminar sin distracciones tiene su rollo. Sin música, sin mirar el movil. Tú y tus pensamientos. A veces, en esos paseos solitarios, intento meditar. Me siento y hago cinco minutos de respiraciones. “¡No puedes estar aquí, no puedes estar aquí! Va a venir el guardabosques”. Por un momento pensé que había viajado en el tiempo. Farfullé un poco y me fui rápido. Paranoia, trauma y ADN. Por ahora, los ejercicios del curso son escribir tras caminar, hacer listas y pensar historias. Tengo algunos apuntes en mi cuadernito: “La epopeya de Gilgamesh. Lo más importante es la vida. 141 personas. Querer y cuidar. Porque es apasionante. Leroy Johnson. ¿Has hecho ya el garabato?”. Por ahí van los peces.
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