Videojuego

Comerse un mango.

Estoy haciendo un videojuego.

Un día pensé que era buena idea y desde entonces lo voy diciendo.

Un juego simple y bello.

Viajé a Chicago, con Lucía Mbomío y Moha Gerehou, invitado por la universidad. Tenían una biblioteca de estudios africanos impresionante, nos la enseñó Esmeralda Kalé. Pensé en “mi videojuego” al ver la edición Accra de un Monopoly.

También fuimos a Nueva York, con Silvia Albert Sopale, y conocí a Clara Fernández, profesora de videojuegos en la universidad. Me invitó a un café y me dio un montón de pistas.

Me habló de la industria. Hablaba con naturalidad de mi futuro videojuego, me dijo que lo podría enseñar en la Game Devs of Color Expo.

Me descubrió el estudio Glow Up. “Our mission was to build games & tech which centers and celebrates Black and brown joy”. Ya han cerrado, pero están orgullosas de su legado.

Dijo que era mejor que hiciera algo “que se viera raro y poco videojuego”.

También me apunté a un taller gratuito, se llamaba ‘RADICAL GAME DESIGN’ y la profesora era Eurídice Cabañes. Vimos un montón de juegos interesantes. Unmaned, Every Day the Same Dream o Shy.

Nos trasmitió la idea de que cualquiera de nosotros podía hacer un videojuego. También nos enseñó que podían existir juegos pequeños.

Estoy en fase de exploración. Me gusta que las partidas sean aleatorias, como en ajedrez, y me atrae la idea de hacer “el juego más simple posible”.

Escribiendo esto he pensado que el juego podría tratarse de comerse un mango.

La idea es hacer un juego que nos ayude a relajarnos y que nos emocione.

Necesito ayuda y financiación. Voy a buscar una beca lo más libre posible y a dejar aquí un botón de donaciones.

A veces sueño que viene alguien y me da un millón de dólares.

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